miércoles, 25 de noviembre de 2009

'¡Recuperemos nuestras tierras!'

Equiparan a Take Back the Land con el movimiento de los “sin tierra” de Brasil
Carlos Fresneda | Miami
Mary Trody no pudo hacer frente a la hipoteca. La desalojaron en febrero del 2009, junto a su larga familia de doce miembros, entre hermanos, hijos, sobrinos y abuela. Vivieron durante unos días en una furgoneta, hasta que decicideron “okupar” su propia casa, con la ayuda de un grupo conocido como Take Back the Land. La policía intentó impedirlo, pero los vecinos se amotinaron y resistieron a los gritos de “¡La vivienda es un derecho humano!”.

La escena quedó inmortalizada en “Capitalismo: una historia de amor”, la última entrega de Michael Moore. Desde entonces, Mary Trody, 42 años, es la protagonista involuntaria de una película surrealista que se rueda todos los días en el noroeste de Miami y que podría titularse: “Atrincherada en su propia casa”.

“Este ha sido el hogar de mi familia durante 22 años”, recuerda Mary Trody en el porche de “su” casa de madera azul, convertida en símbolo de la resistencia contra la codicia de los bancos. “Me cuesta aceptar la idea de vivir como “squatter” bajo mi propio techo... Rezo todos los días para que a la mañana siguiente no nos desalojen, aunque al menos sé que tengo a mucha gente velando por mi sueño”.

Después de una larga lucha, el banco parece haber accedido a “vender” la casa de los Trody a un propietario privado, a cambio de una desgravación fiscal. “No nos han revelado aún el nombre de los compradores, pero parece que están dispuestos a trabajar con nosotros”, advierte Mamyrah Prosper, portavoz de Take Back the Land, que ella misma prefiere traducir como “¡Recuperemos nuestra Tierra!”.

“Nuestra misión consiste en “liberar” las casas y ponerlas a disposición de las familias sin recursos que en muchas ocasiones han sido víctimas de las ejecuciones de las hipotecas”, asegura Prosper, haitiana, estudiante de Antropología y guía bilingüe en este recorrido por el Miami “invisible”, que arranca en la desolación de Liberty City y se detiene en la casa “fantasma” de la calle 75, donde llegó a vivir otra de las familias de Take Back the Land.

En los dos últimos años han habido en el condado de Miami-Dade más de 33.000 “ejecuciones” hipotecarias. En los últimos meses, Take Back the Land ha elaborado su propio censo de “propiedades abandonadas” y ha salido al encuentro de familias necesitadas de un techo. Así han logrado “realojar” hasta la fecha a una veintena de afectados por la rampante crisis de la vivienda.

“Muchas de las casas “ejecutadas” se quedan con las puertas abiertas”, atestigua Mamyrah Prosper. “No tenemos más que cambiar la cerradura y garantizar que los nuevos ocupantes están dispuestos a pagar el agua y la electricidad y a realizar si hace falta algún pequeño trabajo para que la casa sea habitable... Nada devalúa tanto el valor de una casa como dejarla abandonada durante meses”.

Max Rameau, infatigable activista de origen haitiano y fundador de Take Back the Land, equipara el movimiento con los “sin tierra” de Brasil y lo considera como una prolongación de la lucha por los derechos civiles en EEUU... “Del mismo modo que es inmoral dejar la tierra improductiva cuando la gente pasa hambre, es totalmente aberrante que tengamos miles de casas desocupadas y abandonadas cuando hay miles de personas que no tienen un hogar donde pasar la noche”.

Rameau ha sintetizado su lucha en un libro que lleva el título de su organización y que es también un homenaje a la desaparecida Umoja Village: la villa “miseria” que llegó a levantarse en Miami en el 2006 para alojar a medio centenar de vecinos “sin techo” y que ardió sospechosamente al cabo de unos meses.

"El fuego consumió Umoja Village, pero decidimos seguir adelante con nuestra lucha por la justicia social con una nueva estrategia. Nuestra misión principal consiste en “alojar” a la gente, pero queremos denunciar también la especulación, los abusos y las tremendas contradicciones de la política de vivienda en este país, que nunca tiene en cuenta las necesidades de la gente sin recursos”.

Los grandes medios han intentado poner contra las cuerdas a Rameau por la supuesta “ilegalidad” de sus acciones, arremetiendo contra el “sacrosanto” derecho a la propiedad privada. El fundador de Take Back de Land, habituado a vérselas con la policía, traza sin embargo una distinción muy clara: “Te pueden detener por cometer una acción mala... y te pueden arrestar por cometer una acción buena, que a la larga beneficia a la sociedad”.

Max Rameau no está solo en la trinchera. Con un aire combativo y de acción directa, heredero del espíritu de los años setenta, varios grupos han diseminado las semillas del movimiento por los “derechos humanos económicos”, de City Life/Vida Urbana en Boston a Poor People for Economic Human Rights Campaign en Minnesota o Women in Transition en Kentucky.

“El sistema sigue perpetuando el poder de los bancos frente a la impotencia de la gente de a pie”, se lamenta Rameau, muy crítico con la política económica del presidente Obama. “La buena noticia es que los ciudadanos no se quedan de brazos cruzados y salen en defensa de su vecinos desahuciados, como ha ocurrido con Mary Trody. De alguna manera, todos sentimos el problema de la vivienda como algo propio ¿Quién nos garantiza que los próximos desalojados no seremos nosotros?

http://www.elmundo.es/america/2009/11/25/estados_unidos/1259166725.html?a=570c14f2ec941ed7dfb8e0f9357c2c6e

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