miércoles, 31 de marzo de 2010

LA IMPORTANCIA DE LA DOCTRINA DE LA TRINIDAD PARTE 3

LA TRINIDAD COMO MODELO DE LAS INSTITUCIONES RELIGIOSAS, POLITICAS Y SOCIALES.


La importancia de la doctrina de la Trinidad está indicada especialmente por su impacto en las instituciones sociales, políticas y religiosas. El ejercicio del poder en la mayoría de las sociedades generalmente refleja la comprensión prevaleciente como Dios del universo. La tendencia ha sido de representar a Dios como el único omnipotente, que gobierna el mundo como un monarca. La conclusión ha sido habitual que los que detentan el poder en la tierra, están para actuar como representantes naturales de Dios.
Gran parte de la lucha medieval entre la Iglesia y el Estado giró en torno al así llamado Derechos divinos de los reyes. Afirmaban estar investidos por Dios con derecho de gobernar como su representante. Los Papas rechazaron dicha demanda afirmando en cambio que ellos eran los únicos representantes oficiales de Dios en la tierra.
Los papas se comparaban a sí mismos con el sol, describiendo a los reyes como la luna. Así como la luna recibe su luz del sol, así los reyes estaban para recibir su poder y autoridad del papa. El resultado fue una lucha constante por la supremacía entre papas y emperadores.
La lucha ha sido inspirada por la idea errónea de la función del Padre en la Trinidad. Dios fue visto, no como la perfecta comunión del Padre, Hijo y Espíritu Santo, sino como el único gobernante del Universo, ejerciendo todo el poder, sin ser cuestionado por nadie. Esta concepción monárquica de Dios ha servido para justificar el autoritarismo en la religión, el totalitarismo en la política, y el machismo en la familia.



El autoritarismo en el Gobierno de la Iglesia



Históricamente, la forma autocrática de gobierno de la iglesia se ha inspirado en la visión de Dios como el único todopoderoso gobernador del universo, en lugar de la concepción bíblica de Dios como la comunión de tres personas iguales. "Incluso hoy en día", escribe Leonardo Boff, "se dice que así como hay un solo Dios, del mismo modo que hay un Cristo, por lo que debe de existir en la tierra un único representante oficial de Cristo-el Papa para toda la iglesia, el obispo de la diócesis, el párroco de la parroquia, y el coordinador de la base de la comunidad. Una gran parte del poder está siendo concentrado en una sola figura. En relación con las demás personas inevitablemente asumen una actitud paternalista y una actitud de folleto.


"Aquellos que ejercen el poder se sienten investidos de gran responsabilidad, porque debe representar a Dios ante los demás, ejerciendo este poder por el bien de los demás y por su salvación eterna. . . . Dejan de reconocer y valorar la inteligencia de las personas, su experiencia de fe, su capacidad de evangelizar y su carácter como representando a Dios y a Cristo. Esta práctica monárquica es probable que dé lugar al autoritarismo acompañado de sumisión. Hay un cambio de una Iglesia como -comunión de creyentes-, todos iguales y compartiendo responsabilidades, a una iglesia como sociedad, con una distribución desigual de funciones y tareas "(Ibíd., p. 66).


Boff continúa instando, en particular a su propia iglesia católica, a fin de superar la histórica concentración de poder en pocas manos, por recuperar la visión bíblica de la Trinidad como la perfecta comunión de la Divinidad, haciéndola un Dios. Desde esta visión surgirá una comunidad orientada a la iglesia, donde "cada uno tiene sus propias características y dones, pero todos viven para el bien de todos. . . . Cada uno, en la medida en que él o ella crea la comunidad y se convierte en parte de esa comunidad, representa la Santísima Trinidad. En la Trinidad que une a las tres divinas personas entre ellas y el completo don de sí de una persona a los demás. Lo mismo debería suceder en la iglesia. Es mediante la superación de la centralización del poder y la distribución entre todos, que la unidad dinámica surge, es lo que refleja la unión trinitaria. "(Ibíd., p. 66).
El problema de la concentración de poder en pocas manos existe, no sólo en la iglesia católica, sino también en otras iglesias cristianas también. Como se establecen las denominaciones existe la tendencia de los gobernantes el poder de convertirse centralizado en manos de unos cuantos dirigentes, que dirigen la iglesia con sólo establecer una representación simbólica. Por lo tanto, es imperativo para todas las iglesias recuperar la visión bíblica de la Divinidad como la comunión perfecta de tres personas que actúan al unísono. Esta visión puede alentar a los cristianos a luchar por una sociedad e iglesia más igualitarias, democráticas, y pluralista, orientadas a la familia, donde la colaboración, la unión, la igualdad, y las buenas relaciones prevalecen en la familia, en la iglesia, y en la sociedad.


Totalitarismo en la política


La posición monárquica de Dios ha influido, no sólo al autoritarismo del gobierno de la iglesia, sino también al totalitarismo en la política. Como mencioné anteriormente, durante la Edad Media los reyes y emperadores alegaban haber sido investidos por Dios para gobernar al pueblo. El razonamiento era que, al igual que hay un Dios en el cielo que es el único que gobierna el mundo, sin explicar nada a nadie, así deben ser los gobernantes en la tierra que actúan como Dios en el cielo.

El resultado de esta idea errónea de la Trinidad ha sido, como Boff explica, "el totalitarismo político que ha creado entre los líderes la arrogancia y la sumisión entre los que ellos guiaban. Los dictadores dicen saber qué es lo mejor para el pueblo. Quieren ejercer la libertad, todos los demás deben aceptar y obedecer sus órdenes. La mayoría de los países son herederos de ese entendimiento del poder. Ha sido incrustado en la cabeza de la gente. Por eso es difícil de aceptar la democracia, en la cual todo el mundo ejerce la libertad y todos son hijos de Dios. "(Ibíd., págs. 7-8).


Las perspicacias de Boff nos pueden ayudar a entender por qué los esfuerzos que se llevan a cabo en el gobierno norteamericano de establecer una forma democrática de gobierno en Irak, tienen pocas esperanzas de éxito. ¿Por qué? Simplemente porque la iraquíes son musulmanes que creen en un rígido monoteísmo. Su dios, Alá, no es una comunión perfecta de tres personas iguales, sino un solo gobernante despótico que enseña el uso de la espada para promover el Islam. Los gobernantes musulmanes se espera que imiten a Alá para gobernar al pueblo con puño de hierro. Tarde o temprano, los iraquíes van a ser gobernados por un nuevo régimen autocrático, simplemente porque dicho régimen está inspirado y sancionado por su rígido monoteísmo.


El totalitarismo musulmán


Cabe señalar que ni un solo gran país musulmán ha abrazado la democracia durante los últimos catorce siglos. Hoy, al igual que en el pasado, los países estrictamente musulmanes se rigen por las familias reales, los dictadores militares, clérigos fanáticos, todos los cuales privan a su pueblo de ciertas libertades fundamentales. La única esperanza para el florecimiento de la democracia en Irak o en cualquier otro país musulmán estricto, es que la gente rechace su rígido monoteísmo el cual sanciona sus regímenes totalitarios, y adopten en cambio la posición bíblica de Dios como la comunión perfecta de tres personas iguales. Es poco probable que el gobierno norteamericano nunca se tome como tal el proyecto de reeducar, que estaría obligado a suscitar la ira de los líderes musulmanes de todo el mundo.

La democracia como una nueva visión de Dios

Los gobiernos democráticos occidentales son más bien un desarrollo tardío de los dos últimos siglos. Durante la mayor parte de la historia de la humanidad la gente ha sido gobernada por emperadores, faraones, reyes, príncipes y papas, que se vieron a sí mismos como representantes de Dios en la tierra. En algunos casos los gobernantes querían ser adorados como dioses. Por ejemplo, varios emperadores romanos impulsados el "culto al emperador", esperando que la gente los adorara como "dioses." Juan el Revelador estuvo exiliado en Patmos por negarse a adorar a Domiciano como "Dominus Deus Señor y Dios." Preocupado por la amenaza planteada por el emperador a los cristianos, Juan advierte a sus compañeros creyentes en contra de la adoración a la bestia y su imagen-una amenaza que se encontrará su cumplimiento sin precedentes al final de la historia.


La evolución que ha tomado lugar en los países occidentales de los sistemas totalitarios a formas democráticas de gobierno, parece haber sido inspirado en parte por la evolución en el concepto de Dios. Durante la Edad Media los cristianos perciben a Dios como un Ser trascendente, "más allá de nosotros", que gobierna el universo. La gente se interesaba honrar al infinito y omnipotente Rey del universo, en lugar de buscar el disfrute personal. Ellos vivían para servir a Dios en las personas de sus líderes religiosos y políticos, que actuaban como representantes del Rey del Universo.

La concepción medieval de "Dios más allá de nosotros" fue sustituida gradualmente por la posición de "Dios con nosotros" a partir del siglo XVI con la Reforma Protestante. La "distancia" entre Dios y el creyente se fue poco a poco acortando. Al hacer hincapié en el sacerdocio de todos los creyentes que tienen acceso directo a Dios, la Reforma ayudó a la gente a ver a Dios como un " Ser amable con nosotros" y cerca de nosotros, más que "por encima de nosotros".

La visión medieval de Dios como una exigencia, un inaccesible Gobernante, fue gradualmente sustituida por la de un Dios amoroso ansioso de salvar a todos aquellos que acepten la reconciliación a través del sacrificio expiatorio de Su Hijo. Aunque Dios es todavía reconocido como por encima y más allá, el cambio en la atención se centró en el amante Salvador a quien los creyentes podían dirigirse directa y personalmente.


La nueva visión de Dios como una amante comunión del Padre, Hijo y Espíritu Santo, alentó una mayor participación de los cristianos en la vida política y religiosa. Se compuso nueva música, nuevos estilos de adoración. Se desarrollaron nuevas formas de gobiernos democráticos que gradualmente llegaron a existir. El sacerdocio de los otros creyentes en la iglesia fue interpretado como un mandato la participación de todos los ciudadanos en las instituciones político-sociales del Estado.


El machismo en la familia


La comprensión de Dios como un hombre que controla todo y mantenga todo el poder para sí mismo, ha fomentado el dominio machista en las culturas orientadas al machismo. Creer que están actuando en nombre de Dios, el hombre se ve a sí mismo como el "jefe" y "propietario" de su esposa y sus hijos. Esta cultura ha endurecido las relaciones familiares, previniéndolos de expresar la ternura, especialmente hacia las mujeres, cuya función es servir a los hombres.


Esta cultura machista ignora que Dios tiene un Hijo y vive con el Espíritu Santo en perfecta comunión e igualdad. El redescubrimiento de la visión bíblica de la Divinidad, que viven en condiciones de igualdad en perfecta comunión, puede socavar la mentalidad machista que es tan perjudicial para las relaciones familiares. Creer en la Trinidad, como la perfecta comunión del Padre, Hijo y Espíritu Santo, es un correctivo muy necesario en la familia, en la iglesia, y en la sociedad. Puede proporcionar una poderosa fuente de inspiración para vivir con amor en un mundo donde prevalece el orgullo y el egoísmo.


Conclusión
Las observaciones anteriores han servido para poner de relieve la importancia de la Doctrina de la Trinidad para nuestra vida religiosa y socio-política. Hemos visto que la creencia en Dios como una comunión perfecta de Tres, coloca al cristianismo, aparte de todas las demás religiones. Afecta la formulación de otras doctrinas, sobre todo el mensaje de la salvación. Nos ayuda a aceptar la expiación, y no como un trato injusto de Jesús, como Dios, sino como un acto de autosacrificio divino para satisfacer las demandas de su justicia. Por último, hemos visto que la visión bíblica de la Trinidad puede servir como modelo para nuestras instituciones religiosas, políticas, y sociales.

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