martes, 16 de junio de 2009

EE.UU. es un Estado de propiedad de los bancos


Samah El-Shahat
Al Jazeera
Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens
15/06/09
En mi último artículo introduje la idea de que el manejo de la crisis financiera por EE.UU., y en particular la manera como se ha negado a encarar a los bancos, se parece más al comportamiento y actuación de una economía “emergente.”
Esta semana, por lo tanto, diré que EE.UU. se ha convertido en un Estado de propiedad de los bancos, que permite que sus oligarcas bancarios sofoquen la economía para que ellos puedan sobrevivir a cualquier precio.
Como economista especializada en desarrollo, he observado que lo que siempre hizo que se destaquen los países en desarrollo y pobres era el nivel de desigualdad entre los individuos.

Es decir, la diferencia entre cómo un pequeño porcentaje, usualmente los capitalistas, oligarcas y los cercanos a los que detentan el poder, poseen una sobredosis de riqueza mientras el resto se esfuerza por subsistir a duras penas, o simplemente por sobrevivir.Todos en el país lo sabían, del campesino más pobre en la calle al oligarca más rico. Lo tenías presente, desvergonzada, constante y muy desagradablemente.
Desagradable porque hacía que todos los que lo presenciábamos nos sentíamos impotentes ante el poder del status quo, deplorando la injusticia de la vida, en la que el mérito es siempre lo último, en relación con a quién conoces y quién eres.
Nos desahogábamos un poco al creer que algo semejante sólo sucede porque se trata de países autoritarios, y no responden ante su electorado.
Sin embargo, si miramos más de cerca a las principales economías capitalistas, como ser las de EE.UU. y el Reino Unido, encontramos que la desigualdad también levanta su fea cabeza, y con tanta fuerza, si se consideran las cifras.
Mantenidos en la oscuridad
Allí también, un pequeño porcentaje tiene en sus manos la parte del león del ingreso nacional, mientras el resto de la población vive con ingresos estancados, todo dentro de un régimen político democrático, y no autoritario.
Sin embargo, la verdadera diferencia aquí es que, sin mirar las cifras, la población en general y el electorado son mantenidos generalmente en la oscuridad al respecto.
En 2006, la parte de todo el ingreso disponible de un uno por ciento de los núcleos familiares de EE.UU. corresponde a casi un cuarto de todo el ingreso disponible para las familias, según Robert Hunter Wade, profesor de economía política en la London School of Economics.

Las señales de que la crisis se convertiría en una gran recesión fueron evidentes durante mucho tiempo
[EPA]. En términos simples, un uno por ciento de la población tiene un cuarto de toda la riqueza.
Además, Wade estableció que el ingreso promedio del 90% inferior de la población quedó casi estancado después de 1980, aunque el consumo siguió aumentando gracias al aumento de la deuda privada.
Esto significa que un 90% de la economía estadounidense estaba financiando su sueño estadounidense con deudas.
En el Reino Unido, Wade estableció que la brecha de los pagos entre los asalariados de más ingresos y los de ingreso promedio había crecido de manera alarmante.
En 1989, los máximos ejecutivos ganaban 17 veces más que los de ingresos promedio.
En 2007, esos mismos “capitanes de la industria” ganaban 75 veces más que el trabajador promedio. Es un salto inmenso, ¡y no me importaría que pasara con mi sueldo!

Lo que es bueno para Wall Street…

Las señales de advertencia de que la crisis financiera se convertiría en una gran recesión estuvieron a la vista de todos durante mucho tiempo. ¿Pero dónde estaban las alarmas en el propio sistema que dijeran que esos países y los individuos que viven en ellos llevaban una forma de vida insostenible? ¿Dónde estaban las señales de que las cosas iban a terminar en un desastre y que, peor todavía, los más vulnerables terminarían por pagar el precio más duro y más desproporcionado?

Creo que se permitió que el status quo continuara sin ser cuestionado porque los bancos se beneficiaban de un modo obsceno con el interés por la deuda, y los gobiernos estaban confabulados con esos bancos.
“…ese modo deforme e injusto de operar no fue cuestionado porque el electorado fue mantenido en la oscuridad del modo más sutil posible.”
No olvidemos que los gobiernos se apartaron convenientemente de la provisión de una atención sanitaria accesible, de la educación universitaria gratuita y de la vivienda asequible, mientras los bancos entraban agresivamente a nuestras vidas, para colmar ese vacío.

Todo el tema se hizo invisible. Fue mantenido fuera de los monitores de radar de la política electoral.
El electorado estadounidense fue convertido en cómplice porque fue convencido de que lo que era bueno para Wall Street, era bueno para EE.UU. en su conjunto.
Fue un juego de manos de primera. Y esto explica el acuerdo bipartidario para la malintencionada desregulación del sector financiero que hemos visto durante años.

EE.UU. se ha convertido en un Estado de propiedad de los bancos.
Ann Pettifor, otra economista especializada en desarrollo que trabaja para la New Economics Foundation, dice que el gobierno de EE.UU. ha sido secuestrado, y que la democracia ha sido dejada de lado a favor de lo que es bueno para los banqueros, por lo que Abraham Lincoln llamó “el poder del dinero.”
Y cuánta razón tiene. La manera como están siendo rescatados los bancos es un ejemplo obvio de ese edificio político.

Desangrando al contribuyente

El hecho de que a esos bancos en bancarrota se les haya lanzado un salvavidas es una demostración del poder que tienen sobre el gobierno de Obama.
Se debiera haber permitido que murieran algunos de los bancos porque son tan insolventes y poseen tantos activos tóxicos que tendrán que estar eternamente con un sistema de mantenimiento de vida financiado por el contribuyente.
El problema es que ese sistema desangra al contribuyente al hacerlo, ya que lo sobrecarga con una deuda en aumento constante.
Además, el dinero podría ser utilizado para reestructurar la economía de una manera que dependa menos del sector financiero.
Subyacente en esta negativa de liquidar a los bancos en mal estado de salud es una suposición defectuosa, y me atrevo a decir, conveniente, que no es respaldada por la realidad o los hechos, de que los bancos enfrentan una crisis de liquidez, en lugar de que enfrenten una crisis de solvencia.
Una crisis de liquidez significa que los bancos enfrentan una escasez crediticia, y que una vez que sea solucionada, todo irá bien.
Los ‘tests de estrés’ de Geithner tenían el propósito de decir qué bancos no lograrían sobrevivir [EPA]. Una crisis de solvencia significa que los activos de muchos bancos, firmas y núcleos familiares valen menos que su deuda.
Y esto significa que esos bancos deben ser totalmente nacionalizados.
Lo que nos lleva a Timothy Geithner, el secretario del tesoro de EE.UU., y sus “tests de estrés”.

Los tests tenían el propósito de permitir una evaluación clara y definitiva de los balances de esos bancos, diciéndonos cuáles son saludables y cuáles no son capaces de sobrevivir y necesitarán más dinero si la recesión se profundiza.
Como en todo test inducido, como los que nos hacen cuando prueban nuestros corazones, los “tests de estrés” tenían el propósito de simular el peor de los casos. Bueno, ésa, por lo menos, fue la promesa.
Lo que se esperaba es que algunos fueran declarados tan malos, que tendrían que zozobrar de una vez por todas.
Por desgracia, resultó que a los tests les faltaba estrés, de un modo muy peculiar.

Nouriel Roubini, profesor en la Stern School of Business de la Universidad de Nueva York, dice: “El gobierno utilizó suposiciones para los macro variables en 2009 y 2010 que son tan optimistas que los datos reales para 2009 ya son peores que la perspectiva adversa.
“Como en el caso de algunos variables cruciales, como ser la tasa de desempleo – clave para cálculos adecuados de cesación de pagos y tasas de recuperación para hipotecas residenciales… y otros préstamos bancarios – la tendencia actual muestra que a fines de 2009 la tasa de desempleo será mayor que la tasa de desempleo promedio asumida en la perspectiva más adversa para 2010, no para 2009.”
La tasa de desempleo utilizada en la perspectiva del peor de los casos fue estimada en un promedio de 8,9% en 2009 y de 10,3% en 2010. Pero el desempleo ya ha llegado a 9,4% este año, y probablemente será más de un 10,3% el próximo año.
De modo, que no hay nada realmente desafiante en esas perspectivas del peor de los casos.
La próxima semana escribiré sobre el plan de Timothy Geithner de sacar los activos tóxicos de los balances de los bancos, sin librarse de un solo banco… y cuánta tardará antes de que digamos BASTA y hagamos realmente algo al respecto.

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Samah El-Shahat, economista interna de Al Jazeera escribirá una columna regular, analizando elementos clave que han contribuido a la depresión financiera global y su impacto sobre el mundo.

Samah El-Shahat también presenta el programa People & Power de Al Jazeera.

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